El inicio de “El Niño” sería entre junio y agosto y se extenderá hasta abril del 2027 según la Unidad de Gestión del Riesgos (UGR) del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG). Con este pronóstico, para ese periodo se esperan inundaciones y crecidas de ríos, temperaturas superiores al promedio y una mayor frecuencia de tormentas severas y granizadas.
El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) se pronunció por primera vez sobre los posibles efectos del fenómeno climático El Niño en Paraguay, luego de que el Centro de Predicción Climática de la NOAA confirmara una alta probabilidad de desarrollo y persistencia del evento durante los próximos meses. Se trata de la primera comunicación institucional de la cartera agropecuaria desde la confirmación internacional del fenómeno, cuyo impacto podría sentirse en plena campaña agrícola 2026/2027.
Con base en información de la Dirección de Meteorología e Hidrología (DMH) y de la NOAA, el MAG alertó que el inicio de El Niño se prevé entre junio y agosto de este año, con una duración estimada de entre seis y nueve meses, pudiendo extenderse hasta febrero o abril de 2027.
El organismo señaló que existe una elevada probabilidad de que el evento alcance una intensidad moderada a fuerte durante la primavera y el verano, etapas consideradas estratégicas para la producción agropecuaria nacional.
Entre los principales efectos esperados en Paraguay figuran precipitaciones por encima de los niveles normales en gran parte del territorio, incremento del riesgo de inundaciones y crecidas de ríos, temperaturas superiores al promedio y una mayor frecuencia de tormentas severas y granizadas.
Impacto en la agricultura
El MAG advirtió que el exceso de humedad podría afectar procesos claves del ciclo productivo, como la siembra, la floración y la maduración de los cultivos. Esta situación podría traducirse en reducciones en los rendimientos y en la calidad de la producción, además de favorecer la aparición de enfermedades fúngicas y plagas.
Asimismo, la saturación de los suelos podría dificultar el ingreso de maquinarias a los campos y retrasar labores agrícolas, mientras que la lixiviación y la erosión podrían provocar pérdidas de nutrientes esenciales para los cultivos.
Desafíos para la ganadería
En el ámbito pecuario, la cartera agropecuaria alertó sobre posibles episodios de estrés térmico en los animales, producto de la combinación de altas temperaturas y elevada humedad ambiental. También mencionó un mayor riesgo de enfermedades parasitarias, podales y respiratorias, así como eventuales afectaciones en la calidad de las pasturas.
A esto se suman dificultades operativas relacionadas con el manejo sanitario y la logística dentro de los establecimientos ganaderos, especialmente en zonas propensas a excesos hídricos.
Recomendaciones para reducir riesgos
Ante este escenario, el MAG recomendó a los productores adoptar medidas preventivas y de adaptación. Entre ellas, mejorar los sistemas de drenaje de lotes y canales, seleccionar variedades con mayor tolerancia al exceso de humedad y planificar las siembras teniendo en cuenta las perspectivas climáticas.
Para la ganadería, sugirió reforzar las condiciones de bienestar animal mediante el acceso a sombra, agua limpia y adecuada ventilación, además de asegurar el almacenamiento correcto de forrajes y granos para evitar pérdidas.
La institución instó finalmente a los productores a mantenerse informados a través de los boletines climáticos oficiales y de los reportes técnicos emitidos por los organismos competentes, con el objetivo de anticipar decisiones y minimizar el impacto de un fenómeno que podría marcar el desarrollo de la próxima campaña agropecuaria en Paraguay.





