“El mejoramiento de la base productiva comienza por el suelo”. Con esa premisa, el ingeniero agrónomo Ismael Argüello Bazán, especialista en Agricultura de Conservación del Proyecto de Manejo Sostenible de Recursos Naturales (PMRN III), resume la esencia de una iniciativa que hoy está transformando la producción de la agricultura familiar en cinco departamentos del país.
Ejecutado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), con financiamiento de la cooperación alemana a través del Banco KfW, el proyecto acompaña a organizaciones campesinas de Concepción, San Pedro, Caaguazú, Caazapá y Paraguarí con un objetivo claro: recuperar el suelo para aumentar la productividad y fortalecer los ingresos de las familias rurales.
Los resultados ya comienzan a reflejar ese cambio. Productores que anteriormente cosechaban entre 1.200 y 1.500 kilogramos de maíz por hectárea hoy alcanzan rendimientos de 6.000 a 7.000 kilogramos por hectárea, gracias a un paquete tecnológico que combina análisis de suelo, corrección de fertilidad, siembra directa, semillas mejoradas, mecanización y asistencia técnica permanente.
“Al final, la rentabilidad está en los kilogramos producidos por hectárea”, afirma Argüello. Pero detrás de ese salto productivo existe una realidad que explica la importancia del proyecto. Los primeros diagnósticos encontraron suelos con apenas 0,6 % a 0,7 % de materia orgánica, compactación severa y una marcada predominancia de arena, condiciones que limitaban la productividad y hacían más vulnerable a las fincas frente a eventos climáticos extremos.
“Prácticamente encontramos suelos en terapia intensiva”, recuerda el especialista sobre la primera etapa del proyecto. Esa situación no solo reducía los rendimientos, sino que incrementaba los costos de producción y comprometía la sostenibilidad de las explotaciones familiares, por lo que la recuperación del suelo pasó a convertirse en el eje central de la estrategia.
La conservación también genera rentabilidad
La recuperación del suelo es el punto de partida, pero el objetivo final es mejorar la productividad de las fincas. Para lograrlo, el proyecto promueve la agricultura de conservación mediante siembra directa, un sistema que combina la mínima remoción del suelo, la cobertura permanente con residuos de cosecha y abonos verdes, la rotación de cultivos y el acompañamiento técnico durante todo el proceso productivo.
Los beneficios van mucho más allá del aumento de los rendimientos. La cobertura permanente protege al suelo del impacto de las lluvias, disminuye la erosión hídrica, conserva la humedad durante más tiempo y favorece el incremento gradual de la materia orgánica, considerada uno de los principales indicadores de la salud del suelo. Para Argüello, recuperar esa capacidad productiva es la única manera de garantizar que las fincas sigan siendo rentables en el tiempo.
Tecnología adaptada a pequeños productores
Uno de los principales desafíos fue demostrar que la agricultura de conservación también puede aplicarse con éxito en la agricultura familiar. Para ello, las organizaciones beneficiarias reciben recursos para adquirir sembradoras de cuatro líneas, pulverizadoras de 600 litros, rolos cuchilla, además de semillas de maíz de alto potencial, fertilizantes y semillas de abonos verdes.
Sin embargo, el especialista insiste en que la tecnología por sí sola no alcanza. El proyecto acompaña a los productores en la interpretación de análisis de suelo, la regulación de sembradoras y pulverizadoras, la selección de híbridos y el manejo de cultivos de cobertura, de modo que cada herramienta contribuya a mejorar la productividad sin comprometer la sostenibilidad del sistema.
“La agricultura se moderniza y nosotros también debemos acompañar ese proceso”, afirma. Argüello considera que ese salto tecnológico resulta indispensable para la agricultura familiar.
“Con la azada, el machete y una mochila pulverizadora de 20 litros es prácticamente imposible sacar adelante a una familia”, sostiene.
A su criterio, el acceso a maquinaria, semillas mejoradas y asistencia técnica permite producir más en la misma superficie y transformar la finca en una empresa familiar rentable.
La biotecnología también encuentra espacio
La innovación también forma parte de la estrategia. El proyecto incorpora híbridos de alto potencial y materiales con eventos biotecnológicos resistentes a plagas, tecnologías que, según Argüello, fueron bien recibidas por los productores al comprobar los resultados obtenidos en el campo.
El especialista explica que el acompañamiento técnico ha sido clave para facilitar la adopción de estas herramientas, demostrando que la biotecnología puede convivir con la agricultura familiar cuando está respaldada por capacitación y un manejo agronómico adecuado.
Pero para consolidar estos avances considera necesario que el esfuerzo trascienda a los propios productores. Sostiene que municipios, gobernaciones e instituciones públicas deben trabajar bajo un mismo enfoque para evitar prácticas que contradigan los principios de la agricultura de conservación, especialmente la remoción innecesaria del suelo. “La conservación debe convertirse en una política compartida”.
Pensar en las próximas generaciones
El financiamiento del proyecto YA culminará en 2026, mientras que el acompañamiento técnico continuará hasta finales de 2027 para consolidar las capacidades instaladas en las organizaciones beneficiarias. La meta no es únicamente mejorar una campaña agrícola, sino dejar productores capacitados, organizaciones fortalecidas y suelos capaces de sostener la producción durante las próximas décadas.
El 7 de julio, cuando se conmemora el Día de la Conservación del Suelo, la experiencia adquiere un significado especial. La recuperación de este recurso ya no responde únicamente a una necesidad ambiental: representa una estrategia para fortalecer la competitividad del agro paraguayo, mejorar la rentabilidad de las fincas y ofrecer a las nuevas generaciones la posibilidad de encontrar en el campo un proyecto de vida. Porque, al final, el suelo no solo sostiene los cultivos; sostiene también el futuro de quienes viven de él.




