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La eficiencia biológica gana terreno: la transición que redefine la nutrición de rumiantes

Las restricciones regulatorias y las nuevas exigencias de los mercados internacionales impulsan el reemplazo gradual de los ionóforos por complejos probióticos, una tecnología que busca mantener la eficiencia productiva con un enfoque biológico y sostenible. Durante décadas, la monensina ha sido el pilar indiscutible en la modulación de la fermentación ruminal. Como ionóforo de referencia, su capacidad para optimizar la conversión alimentaria y prevenir la acidosis subclínica transformó la producción de carne y leche a escala global. Sin embargo, la presión regulatoria frente al uso de moléculas con características antimicrobianas y la exigencia de mercados “libres de antibióticos” están acelerando su obsolescencia. La Unión Europea prohibió su uso como promotor de crecimiento desde el 2006 y endureció la norma desde el 2023 vetando la importación de carne proveniente de animales tratados con antibióticos promotores de crecimiento.  En nuestra región, en Argentina, Senasa prohibió el uso desde el 2018, permitiendo sólo

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